EL PRINCIPIO HUMANO DE LA ETICA

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Por Rafael G. Santana

Los seres humanos son impredecibles. Su diversidad es tal que cada quién define su comportamiento. El hombre y la mujer se sitúan de acuerdo a sus intereses que terminan imponiéndose a los valores morales y éticos. Los hombres y mujeres grandes en su paso de la vida dejan huellas, obras, principios y decisiones transcendentales.

 

El principio humano de la ética define el comportamiento de cada quien. Existen los responsables, los sin palabra, los ingratos, los traidores, oportunistas, y quienes una vez logran escalar  una posición olvidan a quienes hicieron posible subirlo en  la cima donde se encuentra.  De generación en generación se establece y confirma que el ingrato “no tiene memoria” cauterizándose por menospreciar y hacer sentir mal a quienes siempre estuvieron a su lado sirviéndole para que llegara. Y le da poder a los que cuando estaba abajo lo maltrataban, perseguían e intentaban liquidarlo.

 

 Estos seres  terminan solos, hundidos, olvidados por sus verdaderos amigos y quienes se beneficiaron del cargo porque estos últimos tienen un objetivo “muerto el rey viva el rey” El gran Terencio sentenció “nada humano me es ajeno”.

 

Escrito está en la Santa Biblia “hay tiempo para llorar, sufrir, reír y gozar” y nada es eterno en este mundo lleno de egoísmo, zancadilla y de quita tú para ponerme yo. El profesor y forjador de periodistas Rafael Núñez Grassals, en una disertación magistral sobre la ético llama la atención de lo siguiente “anoche, mientras revisaba mis notas para esta exposición, me topé en la red con un diario digital cristiano que tiene debajo del logo una frase poderosamente inspiradora.  Dice: primero nos ignoraron, luego se rieron de nosotros, después nos atacaron…entonces vencimos” Seguidamente Núñez Grasssals plantea “en una sociedad que se ha puesto de espaldas a los valores de la buena convivencia y que aprecias más el tener que el, ser es cada vez más patente que para dar la batalla por la ética necesitamos de la misma paciencia y de la misma reciedumbre de carácter que en la citado expresión se sugiere”.

 

En  la página de la presentación de la charla titulada “la ética como base del ejercicio del periodismo, el profesor Núñez Grassals recoge dos pensamientos:  uno de Tucidides afirmando “en cuanto a hechos acaecidos en el curso de la guerra (del Peloponesio) he considerado conveniente no relatarlos a partir de la primera información que caía en mis manos ni como a mí me pareciera, sino escribiendo sobre aquellos que yo mismo habría presenciado, o que, cuando me informaban otros, he investigado caso por caso, con toda la exactitud posible “.  Y el segundo de Tomás Eloy Martínez “si alguien ha pensado que el periodismo es un oficio simple, y sin riesgo, este libro (el Zumbido y el moscardón) bastará para desencantarlo”.

 

El profesor Núñez Grassals, sentencia “sin una ética del hacer no hay periodismo cabal.  La ética del hacer cuestiona permanentemente la ética que se refugia en el decir, y a menudo la recusa”.

 

Cuantos principios éticos aparecen en esta excelente exposición publicada en un folleto de la Comisión Nacional de Ética y combate a la corrupción.

 

Profesor Núñez Grassals, su enseñanza sobre la ética, es inmensa.

 

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