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TELERAS PARA LOS POLICIAS

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Por Rafael G. Santana

El 23 de diciembre del presente año a la víspera de noche buena cuando caminaba por el patio del Palacio de la policía escuché una voz que me decía profesor, profesor  dirigiéndome al lugar donde se encontraba la persona que me decía profesor.

El lugar donde estaba esta persona era en la panadería parado en una esquina.  Vino de inmediato un diálogo como está usted profesor soy el oficial que usted le dio clase en la Academia de la Dirección Nacional de Control de Drogas DNCD y su salud marche bien le respondí que sí haciéndole saber el placer que sentía de haberlo encontrado.

Le pregunté qué hacía en la panadería de la policía narrándome que siempre estaba allí cada 23 de diciembre para regalar una telera a los policías que se presentaran en el momento que

él permaneciera dentro de ese lugar.  Me ofreció una telera para  que me la llevara, le agradecí el  gesto.  Debido a que andaba rápido le pedí excusa por no poder esperar que la telera saliera del horno solicitándole que se la obsequiara a otro policía. Porque usted hace eso le  pregunté al oficial que fue mi alumno en la Academia de la DNCD y me respondió profesor en esta panadería los policías me dieron pan y me mataron  el hambre.

Confieso que esto me estremeció porque no es común ser testigo de un gesto tremendamente humano y solidario como este. De inmediato me vino a la mente que cada 24 de diciembre mi señora luego de compartir la noche buena con los familiares y algunos invitados recorre  los puestos de vigilancia del Palacio de la policía para entregar un plato de cena conteniendo arroz, ensalada, carne de cerdo, pavo, dulce, manzana y uva a estos agentes que se la pasan solos sin sus esposas e hijos.

Esta noche buena que  mi señora y quien escribe no pudimos luego de más de 20 años llevando este aliento y un plato de cena a los policías de servicio en los puestos de chequeo del Palacio de la policía porque decidimos  compartir con niños de Hato Viejo que no saben lo que es una noche buena ni una noche buena mala porque para ellos todas son iguales, y no saben que comerán.  Aunque usted no lo crea en Hato Viejo de la carretera Mella la gente se alimenta comiendo hojas de una planta llamada Lapallé.  En este lugar hay una miseria espantosa, no hay fuente de trabajo con la agravante de que la prostitución y las drogas caminan de las manos.

La navidad es para compartir.

La navidad es alegría y esperanza.

La navidad es reto para vencer la tristeza.

La vida es una navidad que viene y se va con la muerte.

Seamos felices más allá de navidad y año nuevo porque siempre hay un espacio para la solidaridad, el amor y la caridad.

Las teleras entregadas por este oficial a los policías nos da una lesión de humanismo y deseo de ayudar, particularmente  los pobres y quienes necesitan de una mano amiga.

Es un gran ejemplo porque como decía el Rey Salomón en sus proverbios el que mira a otros con bondad, será bendecido por compartir su pan con los pobres.

El Cardenal de mayor edad en el vaticano cuando se elige a un nuevo Papa en el camino hacia su trono le repite recuerda que eres humano y ayuda a los pobres.

Así debería ser en el Palacio de la policía y donde sea.

 

 

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