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El Ivan Peña Castillo que conozco

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Por Rafael G. Santana

Tratar en su justa dimensión el tema de los maltratos a las mujeres, se corre el riesgo de ser mal interpretado y acusado ser un machista.  No solo eso, sino de criminal.

 

Recientemente en el programa Hablando Claro que se transmite por Romántica FM los domingos de 11: 00 AM a 1:00 PM conducido por quien escribe, Júnior Sanz, el doctor Reinaldo Martínez Duarte y por la Web desde Miami, Florida el doctor Rafael Antùn entró a la cabina el doctor Julio Hazim.

 

Solicité al doctor Hazim que entrara y participara en el comentario que hacíamos en relación a la violencia contra la mujer.

 

El doctor Hazim se expresó de la siguiente manera:  “fijaste Santana tú está tratando un tema muy delicado porque se puede entender que uno favorece la violencia contra la mujer, y lo cierto que la violencia no debe estar presente en la convivencia hombre y mujer y en la sociedad. Tú dijiste una cosa interesante: quien recibe la denuncia de un maltrato contra una mujer, es una mujer; la fiscal es mujer, la jueza es mujer y quien apresa, coloca los grillos (esposas) y conduce preso, es un hombre”.  Esto lo digo partiendo de los hechos que afectan a Iván Peña Castillo, lo conozco como un hombre pacifico, de la iglesia, y que no es violento y lo mismo podía decir de Tonty”.

 

Por mi parte, puedo escribir y decir que el Iván Peña Castillo que conozco es un hombre de trato afable, pausado, tremendamente solidario, humano y un padre de familia que visita la iglesia junto a sus hijos.

 

El Iván Peña Castillo que conozco, es el jefe de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD)  que apresó a Quirino Ernesto Paulino Castillo.

 

El Iván Peña Castillo que conozco, es el que en la jefatura de la Marina de Guerra decomisó grandes cargamentos de cocaína recibiendo cartas de encomio del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

El Iván Peña Castillo que conozco, es el hombre que en mi caso cuando compartía en su hogar nunca observé ningún gesto o acción violenta. Todo lo contrario se respiraba un ambiente de paz en el hogar.

 

Me ha sorprendido sobremanera que su esposa Thelcemary Georgina Mejìa Agramonte, lo acusara de “maltratos sicológicos” y que trascendiera a la opinión pública que lo hacia en estado de embriagué”. 

 

Los casos de Peña Castillo, el pelotero Willy Aybar y del dirigente político Tonty Rutinel Domínguez, por ser personalidades de opinión pública se maneja en un ambiente campaña mediática donde los tres son protagonistas de una siniestra serie de “maltrato a la mujer”.

 

Ciertamente, como declaró Peña Castillo “la mujer no debe ser tocada ni con el pétalo de una flor” y a seguida afirmó “que no ha tocado a su esposa, y que es incapaz de golpear a ninguna mujer”.

 

Es la confesión pública de un hombre que tiene una carrera militar ejemplar, que asumió grandes responsabilidades en la lucha contra el narcotráfico, y que luego de incautar importantes cargamentos de drogas en los mares fue destituido sin tener el tiempo que se estila debe permanecer un jefe de una de las instituciones militares del país.

 

En medio de todas estas denuncias de maltratos a las mujeres que por la vía de los hechos son verídicas, abusivas y abominables se está dando el fenómeno que aumentan los asesinatos. Qué está pasando, y es una problemática compleja para que especialistas digan que sucede, que se debe hacer y como se impide esta vorágine.

 

Estoy consciente de que puedo ser colocado en el patíbulo de “esos teóricos circunstanciales que para hacerse los graciosos asumen los derechos que tienen las mujeres para darse un baño de opinión pública.  Cuando un hombre es insultado, empujado, arañado, sacado de cama y presionado sicológicamente con la relación sexual por su esposa o mujer, se queda callado por el temor de ser acusado de “flojo” y otros calificativos.  Pueda que esto influya en los desenlaces violentos que se producen y que no comparto.  Tiene que buscarse urgente una salida a esta penosa situación celebrando talleres y promoviendo la educación y la cultura de la paz, no la cultura del feminismo a ultranza, la violencia familiar y los asesinatos. Me parece que este puede ser un punto de partida, y demás está decir cada uno de los casos que se presenten tienen que ser tratados con ecuanimidad, sin protagonismo y retaliación feminista.

 

Lo escribo y lo digo.

 

Aquí estoy.

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